En un mar de dudas

20 08 2007

Hablaba hace unas horas de los problemas del Madrid, que no son pocos. El otro grande, con permiso del pujante Sevilla, tampoco pasa por su mejor momento. La afición culé pronto se ilusionó tras el batacazo de la Liga con los rápidos fichajes – mérito de Txiki tras ver ahora cómo se ha inflado el mercado – que, en principio, ofrecían calidad y competitividad. De lo primero no andan escasos en Can Barça, de lo segundo sí. El caso es que Abidal, Touré, Henry y Milito respondían a las necesidades de Rijkaard de fichar titulares para arreglar la temporada que será recordada como la de los 7 títulos. Hoy, 20 de agosto, la ilusión se ha ido disipando como si de una brisa se tratara. Razones hay para ello.

Si bien aún es pretemporada y lo serio está por venir (la jornada 2 es un Barcelona – Sevilla), este Barça no disipa las dudas que le persiguen desde aquella fantástica noche de París. Allí parece que murió el Barça implacable. En París comenzó a morir y en Mónaco notamos su agónico caminar hacia un destino que no estaba en el papel. Dicen los que saben que el Barça es el peor enemigo del propio Barça. Las palabras de Eto’o, el gimnasio de Ronaldinho, el sonambulismo de Motta… cosas así confirman lo dicho. No perdió el Barça los títulos por el rival, sino por su propia desidia. No estaba el Madrid galáctico, el Sevilla desperdiciaba las ocasiones para distanciarse y el Valencia nunca estuvo ahí. No obstante, dilapidó su ventaja, se dejó llevar y en la Castellana cantaron el alirón que se esperaba en Les Corts.

A día de hoy este Barça sigue jugando el mismo juego plano e indolente del año pasado. Mucho juego horizontal, mucho centrocampismo pero no muerde. No genera ocasiones de su propio juego y sólo da una cierta sensación de peligro en la velocidad de sus contras, ventaja que poco tardan en desaprovechar Xavi e Iniesta, ralentizando el juego. En el Allianz Arena pudimos ver una muestra de ello. El Bayern esperando y el Barça tocando, aburriendo, durmiendo el juego en busca de una ocasión. Y la ocasión más clara llega en un pase largo a Henry que, inexplicablemente, falla cuando estaba solo ante Kahn. Fui yo el primero que dije que Henry resolvía mejor que Eto’o, pero comienzo a replantearme mis palabras. Henry vino fuera de forma, medio lesionado y con mucho que recuperar. Finales de agosto y Henry está fuera de forma y con mucho que recuperar. No está rápido, ni fino, ni define como yo le recuerdo (aunque Cristian esté ahí para rebatirlo).

Varias son las causas de este Barça adormilado. La pareja Xavi – Iniesta no funciona, porque me da lo mismo que lo mismo me da. Son dos jugadores demasiado parecidos. El Barça necesita un 4 como Xavi o Iniesta y un interior mediapunta como Deco, Gerrard o Sneijder. Aunque, como todos sabemos, el jugador perfecto para esa posición es Deco, por todo lo que significa. La lentitud de Touré, que apenas ha mejorado desde el partido de Dundee, significa demasiada previsibilidad. Nunca se atreve a darla en largo y sólo sorprende cuando se incorpora como una mole al ataque. El mediocampo con la fórmula Touré – Xavi – Iniesta no funciona, pero gusta a Rijkaard o se deja guiar por Eusebio. El caso es que es un mediocampo débil y previsible. Como ejemplo, el Sevilla ganó ayer en el Bernabeu con 5 jugadores en el centro del campo: dos estaban en las bandas (Navas, Duda) y tenía tres hombres que cortan juego por el medio (Martí, Poulsen, Renato). El mediocampo del Barça no podría fabricar una ocasión decente con estos tres delante ni de lejos, ahora por ahora, claro.

Pero el verdadero problema está arriba. No veo a mucha gente preguntándose por qué el Barça parece más peligroso cuando Giovani, Messi o Bojan están fuera. Incluso Henry, en el partido contra el Hearts, parecía recuperado con Bojan y Giovani junto a él. Y, en cambio, Henry con Eto’o y Ronnie formando el ataque blaugrana parece un delantero del montón. ¿El problema? No hay movilidad, nadie la pide al hueco, todos al pie y por el centro. En cambio, cuando entran los jóvenes hacen a los demás buenos. Porque buscan la portería, se mueven y piden el pase largo siempre mirando hacia el arco. Es el fútbol directo que practicaba el Barça que ganó la Champions. Ejemplos: en San Siro, pelota para Ronaldinho, levanta la cabeza y ve a Giuly desmarcándose, pase magistral y definición del francés. En Stamford Bridge, salida desde atrás en jugada de tiralíneas, centro de Márquez desde la banda izquierda y remate de Eto’o: 1-2. Incluso en la final de París, después del rechace del chut de Deco, la pelota va para Belletti, que busca el desmarque de Larsson, lo ve y se va directo al área, y Larsson se la pasa. El resultado es de sobra conocido.

Este nuevo Barça de momento no garantiza eso. Al menos el Barça que apunta de titular con una delantera Ronaldinho – Eto’o – Henry/Messi. El factor sorpresa de Messi se diluye y los defensas no ahorrarán patadas si lo ven necesario. Eto’o está ausente, melancólico, recordando tiempos mejores. No recuerda en nada al camerunés que se hizo con el pichichi la temporada 05/06. Y qué decir de Ronaldinho, parece que se toma el trabajo físico más en serio, pero creo que lo suyo es más bien un problema mental, la motivación ya no es la misma. Creo que el verano que viene Ronaldinho debería salir sí o sí, haga una temporada mala o se salga. El mejor Ronaldinho posiblemente ya lo hemos visto, y si el verano que viene se puede sacar una gran tajada por él el club saldrá ganando.

En el Sardinero, ante la obligada ausencia de Bojan por el mundial que está jugando y de Dos Santos por el cupo de extracomunitarios, mi Barça saldría así:

Valdés
Zambrotta – Milito – Márquez – Abidal
Touré
Iniesta – Deco
Messi – Henry – Ronaldinho

La decisión más polémica es la de Henry por Eto’o. La justifico diciendo que el primero está bajo de forma, pero el segundo está bajo a secas. Está a un gran ritmo físicamente, pero no tiene la fuerza mental que tenía antes de la lesión. Lo de Henry se puede curar jugando partidos, lo de Eto’o es más delicado, y el problema es que la suplencia posiblemente agravaría las cosas. Rijkaard seguramente saldrá con un 1-4-3-3 formado por Valdés; Zambrotta, Milito, Márquez, Abidal; Touré, Xavi, Iniesta; Messi – Eto’o – Ronaldinho. A partir del minuto 65-70, quitará a Messi y sacará a Henry. Rijkaard no quiere vérselas con Eto’o y Ronaldinho es intocable, por mucho que se hagan encuestas. El holandés sabe que Messi no se quejará y que incluso le viene bien el descanso para no perder su explosividad. Justificará la suplencia de Henry diciendo que no está para 90 minutos y todo el mundo le creerá. El problema no es el Racing, que este año pasará muchos apuros, sino el Sevilla de la jornada 2 en el Camp Nou. Habrá fiesta por los 50 años del Camp Nou y puede que el equipo pierda la concentración. Veremos.





Pata negra

8 07 2007

Si de algo no nos pueden acusar es de ilusionarnos con la ‘roja’ con cada nueva competición que disputa. Todos renegamos de ella cuando disputamos fases de clasificación, criticamos su bajo nivel, queremos cortar la cabeza del entrenador… Pero cuando llega la competición, olvidamos antiguas rencillas y nos ponemos enfrente del televisor, sintonizamos la radio (me parece mucho más divertido un ‘Carrusel Deportivo’ que un ‘Fútbol con Fatatas’, aunque este último también está bastante bien si os gusta Montes, como es mi caso) y nos rodeamos de amigos, familiares o desconocidos para animar al equipo. No nos cae bien el seleccionador, algunos jugadores tampoco, nosotros hubiéramos elegido otros hombres y, sin duda, nuestro once titular tendría jugadores distintos y un esquema más tiki-taka. Pero creemos de nuevo, tropezamos – otra vez – con la misma piedra, desgastada ya de tantos puntapiés.

Como pasa siempre, perdemos y nos llevamos una tremenda decepción. Prometemos no volvernos a ilusionar, no creer más en un equipo que siempre falla, no dar nada a una selección que no nos devuelve ni el 1% de lo recibido, no entregarnos más a unos futbolistas que sólo juegan bien cuando tienen una nómina millonaria detrás. Acaba el mundial, alabamos el juego en equipo del ganador, la garra, la entrega y la pasión de esos jugadores que sí sienten a los millones de seguidores que les alientan. Y, no podía ser de otra manera, surgen las críticas al combinado español. La primera figura en caer es el seleccionador (aunque en ocasiones se resista), pero después nos damos cuenta de la gran mentira del fútbol español: no hay buenos jugadores, no tenemos ese crack que te rompa el partido. Italia tiene a Totti, Alemania tiene al goleador Klose y una media de acero, Brasil tiene demasiados, Francia al genial Zidane – que ahora juega partiditos alrededor del mundo – y al temible Henry… Pero, ¿quién tiene España?

Pues nuestra respuesta es clara: no tenemos ningún jugador que marque las diferencias. Villa, aunque comienza a carburar, no es ese jugador que maravilló al mundo en la temporada 05/06. Raúl dejó de tirar del carro desde hace demasiado tiempo, aunque nunca ha llegado a ser ese jugador definitivo que buscamos. Bojan aún queda muy lejos y no sabemos si será lo que se espera de él (que en muchos casos no logrará alcanzar las expectativas creadas entorno a él, puesto que algunos lo catalogan de futuro mejor jugador del mundo). Torres es un jugador extraño: es capaz de hacer un partido que firmarían los grandes delanteros de la historia y después pasearse sin pena ni gloria por el campo otros tantos partidos. Pero, a priori, no tiene pinta de crack. Al menos según el punto de vista de la mayoría de españoles.

Digo la mayoría porque parece que Rafa Benítez ha visto algo en él, que ya debe ser grande, que los demás no vemos. En el Atlético, en petit comité, seguramente aún celebran los ¡36! millones que han dejado los reds en las arcas colchoneras. Y eso no es porque crean que Torres es mal jugador, nada más lejos de éso. Pero, como gran parte de la España futbolística, 36 millones por Torres les parece una salvajada, aunque muy conveniente para ellos. Gracias a esos millones el Atleti podrá, esta vez sí, fichar a jugadores de contrastada calidad para construir un equipo temible: Forlán ha sido el primero, Quaresma será el segundo. Y ya tienen fichado a Raúl García, un firme valor del fútbol español y tienen entre sus filas a Agüero, que es un futbolista genial, según mi criterio.

Quiero centrar el post en los millones gastados en Torres. 36 millones son muchos, teniendo en cuenta que jugadores como Eto’o (24), Henry (24), Ronaldinho (27) o Van Nistelrooy (15) han costado notablemente menos (entre 9 y 21 millones menos). Sería más sorprendente – o no – si fuera la primera vez que ocurriera ésto. La temporada pasada, el Valencia pagó 25 millones por el sobrevaloradísimo Joaquín, un hombre que hace 3 partidos buenos al año (y en esos partidos tampoco demuestra costar más de 12 millones), y hace dos el Madrid pagaba los 27+IVA por la cláusula de rescisión de Sergio Ramos. Y si miramos un poco atrás veremos que el Lazio pagó ¡41,6! millones por Mendieta, otra de las grandes mentiras de nuestro fútbol. No porque fuera malo, sino por su precio, que no debería haber sido mayor a 15 millones de € (también es cierto que era la época de los grandes dispendios económicos).

Estas cifras, de auténticos cracks, son las que hacen que pensemos que en nuestra selección hay grandes jugadores. “¡Cómo no va a ser mejor Torres que Henry si cuesta doce millones más! ¿Por qué Ribery es mejor que Joaquín si costaron lo mismo? ¿Sabes tú más que Rafa Benítez o que toda una secretaria técnica?“. El jugador español está sobrevalorado de por sí. Un jugador español necesita de 3 partidos buenos en un equipo de primera para ser tildado de futura estrella. Un jugador que a principio de temporada podía costar unos 3 o 4 millones, después de una temporada buena en primera cuesta sobre unos 20, a añadirle 5 o 6 millones según su juventud. Los números después nos conducen a equivocación y creemos que en un equipo donde tenemos a cinco jugadores que sobrepasan los 18 millones de € en su traspaso debemos codearnos con las grandes selecciones, cuando lo cierto es que nuestra selección es del nivel de Costa de Marfil, Suecia, Dinamarca, Serbia, Suiza, etc.

Cifras así provocan que los jugadores españoles, si quieren crecer, deban irse al extranjero. Un jugador español no puede pretender ir a un equipo español de mayor nivel como Barça o Madrid, debe ir a Liverpool, Chelsea, Milán donde habitualmente encuentra un equipo y un fútbol que no favorece a sus habilidades. El Chelsea puede venir a por Villa y llevárselo por 45 millones (que es un montante asombroso) pero si el Barça lo quiere será remitido a la cláusula de rescisión – 150 millones – o lo que es lo mismo: para ti no está en venta. El desembolso que Madrid/Barça deberían hacer por Villa sería superior a los 75 millones de €, muy por encima del equipo inglés. Esas cifras sólo se pagan por el mejor jugador del mundo en el momento y a un equipo que no tiene interés de vender, como es el caso del Milán y Kaka’. Ni Villa (ni Alves) lo valen. Pero ya se sabe, el jugador español pasa por tres fases en su carrera deportiva:

  1. Despunta en un equipo pequeño.
  2. Un equipo semi-grande lo ficha, con un desembolso económico grande pero dentro de lo razonable (caso Villa y Zaragoza, que le costó 12 millones al Valencia). El equipo lo blinda con una cláusula enorme.
  3. Hace una buena/gran temporada con su nuevo equipo y cuando preguntan por él los grandes equipos españoles les cierran la puerta remitiéndolos al contrato y el jugador si se quiere ir a un grande debe emigrar, con el desembolso económico superior en unas 3 o 4 veces a lo que el equipo semi-grande pagó por él.

Esta política necesita una revisión urgente. No puede costar casi lo mismo Torres que Henry + Van Nistelrooy. Es un disparate y sólo va en contra del jugador (en realidad también de las arcas del club comprador), que viene rodeado de unas expectativas altísimas y para nada acordes a lo que es en realidad. Por el bien de los futbolistas y del fútbol español, no más disparates. Por desgracia, eso no ocurrirá, no interesa. Quieren que sigamos envueltos por la gran mentira que resulta el fútbol español.





Reprogramar al Barça

4 07 2007

El Madrid ha echado a Capello en busca del buen fútbol que, según la entidad, debe brindar un club grande como el Madrid. En busca de un buen fútbol que nunca ha caracterizado a los blancos, los valores, creo yo, del Real Madrid los ha definido, con su estilo de juego, a la perfección el italiano: fuerza, valor, garra, entrega, sacrificio. Ésos son los valores que han hecho grande al Madrid, que le permiten intimidar al rival perdiendo 2-0 en el minuto 80, ésos que provocan que los aficionados rivales sólo puedan celebrar la victoria cuando el árbitro pita. Ese compromiso con el club es lo que la gente aplaude. Un madridista agradece más un sprint agónico en el 90, como el de Roberto Carlos en Huelva, que las filigranas, también ampliamente ovacionadas, del genial Zidane. Madrid y Barça son Ying y Yang, dos modelos totalmente opuestos, con un mismo fin: ganar. Y ahora en Madrid han fichado al bueno de Schuster, que se deben creer que es el máximo exponente del jogo bonito. A los cinco partidos la grada pedirá la cabeza de Calderón y la vuelta del aburrido, rácano e insolente Capello. La prensa que lo puso en la frontera buscará otros nombres más glamourosos, saben que Capello es el único entrenador, de los que han morado últimamente el banquillo blanco, que no se deja influenciar por lo que digan los rotativos, por eso no lo quieren.

Mientras el Madrid intenta reinventar su historia, su filosofía, el Barça cada segundo que pasa afianza la suya. Quizá es la única cosa que no se discutía del club: su estilo de juego, ese lema de “primero espectáculo y después ya ganaremos”, la antítesis del capellismo, de los valores del Madrid. Aquí se valora más una cola de vaca de Ronaldinho que una carrera de Eto’o. Aquí se corea a Ronaldinho por un detalle aunque Eto’o haya marcado un hat-trick. Eso en el Bernabéu no sería entendido, pero aquí es lo más normal del mundo. Sin embargo, uso el pretérito imperfecto: discutía. Porque ya se plantean debates serios. Mientras los títulos llegaban, los resultadistas culés aplaudían con cierto recelo. Los resultadistas, a los que se han unido los oportunistas, como cabía esperar, defienden que el jogo bonito sin efectividad es como un hombre sin testículos, es decir, estéril. Testículos (que poco me gusta la palabra) es lo que piden éstos. Fuerza y garra. Mientras al otro lado del puente aéreo piden el juego bonito del Barça, aquí en Barcelona demandan esos valores que han hecho alzar la trigésima Liga al Madrid. Como siempre, los dos equipos son antagónicos.

Yo hoy me planteo si deberíamos cambiar nuestra política. No digo renunciar al juego bonito, pero sí una revisión, una versión nueva. ¿No puede sacar Microsoft versiones mejoradas (en teoría) cada ‘x’ tiempo? Pues saquemos el Barça 2.1, el Barça Bista o el Barça EkisPé. Una versión a medio camino entre el tiki-taka y el resultadismo más rancio y victorioso. El entrenador, está claro, sería Rijkaapello, un modelo híbrido de la escuela italiano-holandesa. Ficharíamos a Van Nistelrooy, Ramos y Diarrá y venderíamos a Xavi, Edmilson y otros peloteros. El Barça cambiaría su nombre a Fútbol Bonito y Rancio Club Barcelona (FBRCB) y en la grada cambiaríamos el “Més que un club” por el “No més d’un gol” (No más de un gol). Laporta debería exigir al staff técnico 45 minutos de buen juego y otros 45 minutos de catenaccio. Si es en la primera o segunda parte queda a juicio del entrenador, a no ser que demuestre poca efectividad en ello. La plebe en la media parte de juego bonito debería silbar a Diarrá por malo y aplaudir a Ronaldinho por sus birguerías y en la otra mitad silbar al Gaucho y aplaudir a los aguerridos guerreros (redundancia al poder) del equipo.

Tema aparte sería la prensa. Entre Sport y Mundo Deportivo deberían decidir, moneda en mano y ante notario, qué diario sería el favorable al tiki-taka y cuál sería el defensor del resultadismo. En cualquier caso, una norma debería regular las portadas a sacar el lunes después del partido. A saber:

  • Si el Barça ha ganado por la mínima: (supongamos que Sport defiende el “la vida puede ser maravillosa, Salinas” y que Mundo Deportivo el catenaccio) Sport saldría en portada con: “¡Pongamos a Rijkaapello en la frontera!” y MD un escueto “Victoria de campeón“.

  • Victoria de un pletórico Barça por 4-0: “Golpe de autoridad” (Sport) y Mundo Deportivo se explayaría más con un “¿Para qué tantos? ¡Guardemos un par de goles para los siguientes partidos!“.

  • Empate fuera de casa: Sport diría que “Salvamos un punto (¿por qué no está aún Rijkaapello en la frontera?)” y MD “Recorriendo el camino hacia el título“.

  • Empate en casa: “Bochorno y ridículo” y “El de negro estorba” (bueno, el segundo se podría aplicar a los dos, aunque me refiero a MD).

  • La derrota no entra en los planes del equipo: ¡un equipo de Rijkaapello nunca pierde!

Esto debería ser siempre así, Laporta, como presidente de la entidad, debería imponerlo a la prensa con un decreto y cualquier titular que no fuera como el redactado aquí arriba acarrearía un mes sin filtraciones a dicho diario sobre las buenas relaciones de Eto’o – Ronaldinho – Van Nistelrooy – Messi y Henry. Los castigos ejemplares harían replantear a esos periódicos su política rebelde y antibarcelonista. Ante todo, unidad del barcelonismo.

Yo lo veo clarísimo. Este Barça aburriría y divertiría a partes iguales y probablemente ganaríamos todos los títulos. La unión de valores entre Madrid y Barça haría vibrar a la grada y enmudecer a los rivales que sólo tendrían que hacer el pasillo en cada jornada y aplaudir a un equipo campeón y señor. Amante del tiki-taka y de encerrarse cuando marca un gol. ¡Visca el Barça 2.1! ¡Visca el FBRCB!





Sin sentido

4 07 2007

Se dice que es más difícil vender que comprar. Comprar es relativamente fácil: si sabes lo que quieres y tienes dinero, no hay problema. Pero para vender hace falta que ese producto que vendas sea apetecible y asequible. Esto estará rondando la cabeza de Soriano y Txiki, ahora que ya han dejado entrever las bajas y que las altas se han estabilizado. El objetivo del Barça es, obviamente, sacar dinero de los futbolistas que se vayan para poder costear los nuevos fichajes. El problema viene cuando el equipo no tiene inconvenientes en decir que no cuenta con un jugador.

No sé qué tal se le darán a Txiki las negociaciones, no he tenido el gusto de verlo. Pero no parece una maniobra muy inteligente decir que no cuentas con Motta. Ahí los clubes interesados en su compra se frotan las manos. Toda la presión que podía ejercer el Barça al comprador se ve difuminada como polvo en día de aire. Declaraciones así ceden (maldita palabra) toda la ventaja a los demás clubes que presionan al Barça con ofertas irrisorias. “Es que tú dices que no cuentas con él…” le dirán a Txiki. “¡Demasiado que te damos ésto!” puede que le diga alguno. “Ya sabemos lo que hay y como acabará esto, ¿para qué alargarlo? Dame la carta de libertad” le pide Motta.

Sí, todos sabemos cómo acaba esto. No es la primera vez que pasa ni será la última. El Barça acaba dando la carta de libertad a los jugadores, que normalmente ya tienen firmado otro contrato, para no buscar más problemas. Los jugadores que la consiguen reciben una buena suma de sus nuevos clubs por la presión ejercida y por evitarles el gasto de dinero. El Barça se queda con cara de tonto y al final del verano consigue vender a buenos jugadores por precios de risa. Vendió a Van Bommel por 6 millones, aunque viniera gratis era un gran jugador que completó una buena temporada en la disciplina azulgrana. Riquelme, con un gran cartel, fue vendido por 7 millones al Villarreal, cuando se podían haber sacado 13 o 14 de otros clubes. Recuerdo el caso especialmente sangrante de Rivaldo, que se fue sin dejar un euro cuando era de los jugadores más cotizados sólo un año antes de su marcha. El Barça es un equipo que negocia muy mal sus ventas. Debería tomar ejemplo del Sevilla.

Por eso hoy me pregunto si debemos vender a Ronaldinho. Es el ídolo, es el mejor jugador del mundo, el jugador que más dinero da al club (por eso su elevada ficha) y una estrella mediática en toda regla. Sólo la pregunta hiela la sangre a más de un culé que vuelve a mirar atrás espantado por los fantasmas que le dicen que el Barça no puede retener, cuál incontinente, a sus cracks. La marcha de Ronaldinho haría que más de uno rompiera su carné de socio y su abono. Sin embargo, a mí no me interesan los socios que son de un jugador y no son de un equipo. Me interesa más el equipo que el futuro de Ronaldinho.

Hoy por hoy, a mí no me disgustaría que el Milán viniera y se llevara a Ronaldinho. Eso sí, con 80 millones por delante. ¿Os dais cuenta de lo que son 80 millones? Podríamos hacer casi un equipo nuevo. No nos importarían tanto los millones de Milito, incluso sondearíamos a Cristiano Ronaldo y lo podríamos fichar y quedarnos aún con dinero para acometer el fichaje de un lateral o un central. El Barça se reforzaría sin miedo a que Soriano entrara en shock o decidiera coger la soga. Podríamos construir un gran equipo y no un equipo entorno a la figura de Ronaldinho o meter a Ronaldinho en el once aunque no esté al 100%. Nos olvidaríamos del gimnasio y leeríamos que Eto’o está más feliz que nunca junto a Henry. Abriríamos sin miedo el diario, puesto que el hermanísimo estaría ahora en casa de Berlusconi y no en las oficinas del club. Nos reiríamos cuando la Gazzetta u otro diario italiano denunciara que Ronaldinho se pasa el día en el Milan Lab. Podríamos entrar en la web del Sport y no encontrar ridículos fotomontajes de Henry-Messi-Ronaldinho-Eto’o embutidos en los trajes de los cuatro fantásticos. La gente se olvidaría del absurdo 4-2-4. Rossell no podría criticar a Laporta por no castigar a Ronaldinho. Fabián Ortiz vería que la junta sabe cuándo vender…

Seríamos tan felices que es imposible que el Barça venda a Ronaldinho. El culé debe vivir siempre angustiado, no puede abrir un diario con tranquilidad. Ni cuando ganamos la Copa de Europa podíamos dejar de pensar que tenemos 7 menos que el Madrid. Ni ahora que tenemos, posiblemente, a 4 de los 10 mejores atacantes del planeta podemos dejar de mirar con miedo la página del AS por si confirman un fichaje. Incluso ahora Saviola nos da miedo porque ha fichado por el Madrid, cuando era el quinto delantero de nuestro equipo. No quiero ni pensar (bueno, sí, para qué nos vamos a engañar) lo que diríamos si el equipo del Barça estuviera en el Madrid. Si en vez de fichar a Metzelder el Madrid hubiera fichado a Henry. Si el Madrid contara con Ronaldinho, el mejor del mundo, Eto’o, el tío con más hambre del mundo, y Messi, el futuro Balón de Oro, el oficio de cardiólogo en la capital condal sería el más remunerado. Llenaríamos las líneas de angustia en blogs como éste, o los que están en los links… El más optimista sería el que pronosticara la victoria en la Catalunya Cup (así la llama un amigo mío, dice que le da prestigio). No podríamos escuchar la radio, y menos mirar Antena 3, donde el presentador sería Tomás Roncero y el encargado de los deportes Toñín el Torero, los dos enfundados en la camiseta blanca, con bufanda y con una bandana teñida en rojo-amarillo-rojo.

Pero contamos con el mejor equipo de Europa, con dos jugadores que apuntan alto (y no en el lavabo) como son Bojan y Dos Santos, con un niño travieso que ha despuntado este año y al que osan comparar con el barrilete cósmico que se enfundó la zamarra azulgrana hace más de 20 años, con un negro que se comería el mundo si tuviera la boca más grande (que no significa ser más bocazas) y con un vago que cuando se despierta no lo paran ni placándole (es lo que tiene tener un cuerpo de gimnasio). Aún así, el fichaje de Chivu o Metzelder por el Madrid nos hace tener miedo. Además, tenemos el truco inglés para vencer a Chivu: susurradle al oído Cristiano Ronaldo y saldrá despavorido.

Yo, aunque sea por un día, romperé los mandamientos culés y me olvidaré del Madrid. Seré feliz por un día. Apagaré la tele, no abriré las webs de los diarios deportivos ni sintonizaré la radio. Puede que decida echar una siesta y soñar que Berlusconi viene a Barcelona con 90 millones para llevarse al Gaucho (“¡¡eres un hereje!!”) y que Laporta, personalmente, le pone una alfombra roja desde el aeropuerto del Prat hasta las oficinas del club. Soñaré con el hermanísimo pidiendo ya a Berlusconi una mejora para que Ronaldinho se sienta valorado y al Gaucho haciendo pesas en el Milan Lab. Hoy seré un mal culé. Y qué bien me lo pasaré.





¿Escogimos la opción fácil?

25 06 2007

Esta tarde, poco después de escuchar a Henry sus primeras palabras en catalán leía en Internet que el Espanyol había cerrado el fichaje de Valdo. Decía la noticia que el Espanyol había hecho una fuerte apuesta por el jugador y que puso sobre la mesa 1,5 millones de €. Mientras, en Barcelona posiblemente Henry estaría firmando un contrato de 6 millones de € netos por campaña (fuentes oficiales), y cerraba así un traspaso de 24 millones de €. Desde el club blaugrana se transmitía optimismo afirmando que no era un fichaje caro para el peso del jugador en el equipo y en el blanquiazul la junta haciendo cábalas de como ajustar el fichaje de Valdo al presupuesto del club. Y eso a unos pocos kilómetros de distancia.

Resulta curioso ver las tremendas diferencias que se producen en el fútbol. Mientras dos equipos copan las estrellas en la Liga, otros equipos luchan por colarse en una lucha demasiado desigualada. Mientras el Madrid puede permitirse gastar 40 millones en el mercado de invierno, otros equipos de primera división cuentan con esa cifra de presupuesto para cuatro año. Por eso resulta chocante que alguien que ha estado en la ‘miseria’ futbolística medio siglo saque pecho ahora, es una suerte de ofensa a los dos grandes, es el niño de 6 años que desafía a dos adultos con su pequeño y cerrado puño.

No defenderé ahora a Del Nido, me parece un presidente que se cuelga más medallas de las que merece y que habla de más. Sin embargo, leyendo la noticia de Valdo, he entendido como se siente por unos instantes. En esos momentos yo me he imaginado hincha del Espanyol, celebrando como si de una Champions se tratara la llegada a la final de la Copa de la UEFA (ese trofeo de equipos de segunda al que el Barça no pudo ni llegar a semifinales hace unos años) y llorando desesperadamente al ver como Palop volaba grácilmente y atajaba los disparos de mis jugadores. Entonces he comprendido a Del Nido, he visto el mérito que tiene este equipo que ascendió a primera en la temporada 01/02 y que en la 05/06 se convertía en Campeón de la UEFA, título que reeditaría en su edición posterior.

Hoy me asaltan las dudas: ¿ser del Barça es la opción fácil? Yo no lo elegí, cuando tuve algo de razón, mire mis ropas y eran azulgranas y desde ese momento lo soy y no puedo cambiarlo. Pero esa idea de coger el camino fácil, de no sufrir por el descenso y considerar fracaso quedar segundo en Liga, semifinalista en Copa y ganando 2 títulos de 7 posibles, esa idea se ha adentrado en mi mente y me dice que el verdadero sufridor no es el sufridor culé, es ese aficionado al fútbol que acude al estadio cuando su equipo está descendido, el que renueva su abono si su equipo baja a Segunda y vende a sus jugadores más conocidos. Aquél que dice, con orgullo, ser seguidor de un equipo de Segunda B. Ése que no silba a sus jugadores en un mal partido, que se levanta y aplaude por las buenas tardes que ha pasado junto a ellos.

Me da la impresión que, al ver tantísimos caminos en el horizonte, cogimos el segundo más ancho y largo. Quizá nos puede consolar que dejamos de lado el que estaba empedrado con oro.